El individuo tiene distintas heridas que cicatrizar. Una de ellas, creo, es la relación con los padres. Parece que gran parte de los individuos arrastra algún resentimiento hacia ellos: porque no les dieron el amor que esperaban, porque fueron abandonados, porque sintieron que querían más a otro hermano, porque les maltrataban, o porque no fueron como les hubiera gustado que fueran.
Tal vez algunos individuos, tras ser padres y alcanzar cierta madurez, terminan cicatrizando sus heridas. Otros quizás solo las enmascaran, las ocultan o las ignoran. En el siglo XXI parece haber surgido una corriente que busca la ayuda psicológica y la sanación. Algunos, en la búsqueda de ser mejores padres, se autoeducan; otros simplemente intentan no cometer los mismos actos que desaprueban de sus propios padres. Estos últimos pueden ser los más propensos a terminar mimando a sus hijos y sobreprotegiéndolos: creando inadaptados sociales, perjudicándolos como individuos que deben ser responsables y autosuficientes, y perjudicando también a la sociedad que les rodea, que tendrá que lidiar con ellos.
Quienes buscan formarse, pero se quedan a las puertas de mejorar, pueden terminar cometiendo los mismos errores de sobreprotección. Si la sociedad forma a sus ciudadanos en matemáticas, historia y lengua, ¿por qué no en lo más difícil y lo más importante? Dada dicha importancia, la pregunta es inevitable: ¿no debería la formación para ser padres y educar hijos formar parte de la educación básica? Yo creo que sí.

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