Hay tres pasos entre un libro y la sabiduría: información, conocimiento, aplicación. La mayoría se queda en el primero. Leer libros no te va a convertir en más sabio solo por leerlos. Los libros son información; esa información necesita convertirse en conocimiento, y el conocimiento debe ser aplicado con inteligencia. Eso por una parte. Por otra, el conocimiento puede ser verdad o mentira —puede estimular la creatividad, el amor, el servicio y la búsqueda de la verdad, o puede estimular la rigidez, la indiferencia, el victimismo y la mentira—.
Una forma simple y directa de decirlo es que si metes basura en tu cabeza, solo puede salir basura. Y para evitarlo, creo que es muy importante aprender sobre lógica, sesgos, ética, filosofía e historia —desde un punto de vista analítico y reflexivo—.
Un libro puede ser una ventana a un mundo de conocimiento acumulado durante toda una vida, puesto a disposición de la humanidad. Así, el conocimiento acumulado se facilita a las nuevas generaciones para que progresen sobre el camino andado por sus antecesores. Y he aquí la clave: deben aprender de los errores y los aciertos del pasado.
El libro ha sido, es y seguirá siendo un contenedor de información. Es poder pasivo —necesita ser convertido en activo—.






