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domingo, 8 de febrero de 2026

¿Es necesario enseñar religión en el siglo XXI?


Cuando todo parece fragmentarse, solemos reaccionar cerrándonos, señalando culpables o simplificando problemas complejos. La globalización e internet facilitan la fricción de ideas, de formas de ver la vida; también el bullying, y el aprender —para bien o para mal— una forma de juzgar común.

«Si en casa no has aprendido, si en el aula no has aprendido, la vida te enseñará», es un dicho común.
Hoy, gran parte de ese aprendizaje está ocurriendo en internet, donde se produce un choque constante de ideas. Pero la pregunta que debemos hacernos es: ¿estamos educados para discernir la verdad?

Conocer es lo que nos hace libres

El ser humano no se libera negando lo que no entiende, sino conociéndolo.
La ignorancia no solo limita el pensamiento, también limita la empatía.

Aprender es lo que permite crecer. Y crecer implica confrontar ideas distintas, incluso aquellas que no compartimos. No para adoptarlas, sino para comprenderlas, analizarlas y, si es necesario, rechazarlas con criterio.

Religión y espiritualidad: conocimiento, no catequesis

Cuando se habla de enseñar religión en la escuela, muchos imaginan imposición, dogma o adoctrinamiento. Esa imagen parte de una experiencia histórica concreta, pero no tiene por qué ser así.

¿Y si se plantea desde otro enfoque?:

  • Un enfoque laico
  • Estudio comparado de religiones y tradiciones espirituales
  • Comprensión de su impacto cultural, ético y filosófico
  • Análisis crítico de sus luces y sombras

Enseñar religión no para enseñar qué creer, sino para enseñar a pensar sobre aquello que millones de personas creen.

Una transición histórica que exige algo más

Las sociedades atraviesan ciclos. Las crisis no son solo fallos del sistema, sino señales de que la conciencia colectiva ha cambiado y las instituciones no han sabido acompañarla. Y las religiones, son aún más lentas que las instituciones gubernamentales.

Creo que estamos dejando atrás una era centrada en el conocimiento técnico para entrar en una etapa donde lo esencial será:

  • El juicio
  • La ética
  • La filosofía
  • La capacidad de convivir

No es casualidad que, en paralelo, emerja con fuerza la inteligencia artificial.

La IA y el nuevo valor humano

Lo que diferencia al ser humano de la máquina es su capacidad de discernir, de valorar, de asumir responsabilidad moral. El ser humano usará la inteligencia artificial como herramienta, pero debe tener criterio para decidir cómo y para qué usarla.

Eso no se improvisa.
Se entrena desde la educación.

Una sociedad que no educa en valores, ética y espiritualidad delega el juicio en algoritmos o en impulsos primarios. Podemos caer en un intelectualismo carente de sentido humanista, sin propósito.

El error de los debates simplistas

Seguimos atrapados en discusiones: capitalismo o comunismo, derecha o izquierda, nosotros o ellos.

Pero ningún sistema económico ha erradicado la miseria humana.
Porque el problema de fondo no es el sistema, es no seguir la regla de oro, la deshumanización del otro

Cuando alguien deja de considerar humano al que tiene enfrente, todo se vuelve justificable. La humanidad se ha desarrollado y, gracias a ese desarrollo, han ido surgiendo nuevos sistemas; no es que la humanidad avance gracias a los sistemas. Cuando un sistema se vuelve obsoleto, surgen crisis sociales y, a partir de ellas, nuevos sistemas.

 ¿Estamos en una etapa de crisis?

¿Y, por lo tanto, en proceso de transformar el sistema actual?

Objeciones habituales y respuestas desde cada postura

Objeción desde la izquierda: «La religión es una herramienta de control»

Es cierto que históricamente la religión ha sido usada para justificar abusos de poder. Negarlo sería ingenuo.

Precisamente por eso, no enseñarla deja el terreno libre a la manipulación.

Desde una postura progresista, una educación laica en religión:

  • Desmitifica el poder religioso
  • Fomenta el pensamiento crítico
  • Evita que la fe sea monopolio de líderes o instituciones

Conocer es emanciparse.
La ignorancia, en cambio, es el caldo de cultivo del fanatismo.

Objeción desde la derecha: «Estamos desbordados, especialmente por el islam»

Este miedo existe, en algunos países de Europa, y no se combate negándolo, sino abordándolo con realismo.

Pero la falta de conocimiento no protege la identidad, la debilita.

Desde una postura conservadora:

  • Conocer el islam no implica adoptarlo
  • Comprender sus diferencias permite defender mejor los valores propios
  • La integración es más eficaz cuando hay formación, no cuando hay miedo
  • Una sociedad segura de sí misma no teme estudiar lo que la desafía.

Objeción desde el laicismo radical: «La escuela no debe tocar lo espiritual»

La laicidad no es negación de lo espiritual, sino neutralidad del Estado.

Excluir toda reflexión espiritual no es neutralidad, es empobrecimiento cultural.

Desde una postura laica:

  • La religión es un fenómeno humano, histórico y social
  • Ignorarla es ignorar una parte esencial de la humanidad
  • Estudiarla no vulnera la libertad de conciencia, la fortalece

Objeción pragmática: «Hay cosas más urgentes que enseñar religión»

La pregunta es: ¿qué es más urgente que aprender a convivir?

La violencia, la polarización y la deshumanización no se solucionan solo con más matemáticas o tecnología.

La educación en valores no compite con otras materias, las sostiene.

Educar para la hermandad

No se trata de que todos crean lo mismo.
Se trata de que todos aprendan a juzgar mejor.

Una educación que incluya religión, filosofía, ética y espiritualidad no busca uniformar, sino preparar personas capaces de:

  • Reconocer al otro como humano
  • Discernir el bien del mal
  • Asumir responsabilidad moral
  • Aportar lo que ninguna IA puede replicar

Si queremos avanzar como sociedad, no basta con saber más.
Necesitamos ser más conscientes.

Y eso empieza por atrevernos a educar allí donde durante demasiado tiempo solo hemos reaccionado con miedo o silencio.

miércoles, 30 de abril de 2025

El problema de los estándares bajos

Recuerdo una publicación que decía algo así como que el 70 % de las carreteras españolas no estaban en buen estado. Y la portada mostraba una vía con un par de baches pequeños; se veía mejor que muchas "autopistas" ecuatorianas.

En Ecuador, a una carretera de tierra que no se ha dañado mucho después de ser lastrada la llaman "buena". Si está asfaltada, ya es un lujo.

¿Acaso la población no está acostumbrada a que se hagan parches justo antes de las elecciones para reelegir a la autoridad de turno? Está acostumbrada a la mediocridad. ¡Las pintadas de pasos peatonales no duran ni tres meses al 100 %!

A veces es mejor tomar con humor que en Latinoamérica estamos acostumbrados a los apagones. Pero ¿hasta qué punto esa misma costumbre mantiene el subdesarrollo? Los estándares son distintos, y mientras no se aspire a mejores, lo "malo" en un lugar seguirá siendo considerado "excelente" en otro. Luego se sueña con tener el nivel de vida de los países más desarrollados, sin adoptar sus estándares de calidad.

¿No se decía que los ecuatorianos se malacostumbraron a tener el pasaporte el mismo día? ¿Que si pasaban calor en los buses de Guayaquil, que abrieran las ventanas?
También he escuchado despropósitos como pedir una carretera de cuatro carriles por sentido para la parte alta de El Oro. Si ni siquiera hay una carretera decente de un carril por sentido, mucho menos habrá una de cuatro en buenas condiciones, considerando el coste que eso supone.

Otro recuerdo que tengo es ver la reacción de distintos grupos al llegar a Nueva York: los latinoamericanos estaban maravillados, porque el nivel es mayor al de muchos países de la región; los europeos, japoneses o surcoreanos, no tanto. Parte era ilusión alimentada por Hollywood, pero también hubo decepción: basura en las calles, cables eléctricos colgando como tallarines, trenes y buses viejos, entradas al metro que parecen cárceles, ratas... ¿Lo que en Latinoamérica es normal? También existe en Europa, claro, y seguramente en los otros lugares, pero es menos frecuente —y sorprende más en una ciudad principal como Nueva York.

Debemos conocer más del resto del mundo y entender otras perspectivas. Por eso, para mí, las ideas de enviar becados ecuatorianos a países más desarrollados y captar talento internacional para que viniera a Ecuador representaban una forma de fomentar el intercambio cultural con miras a mejorar la sociedad ecuatoriana.
Una visión que, lamentablemente, quedó estancada.

martes, 29 de abril de 2025

El problema de exigir certidumbre

¿Qué provoca la búsqueda de perfección en los líderes?

¿Hasta qué punto el exigir una aparente perfección y criticar el fallo en quienes están en posiciones de toma de decisiones hace que, por miedo al rechazo o al juzgamiento, estos recurran a la ocultación o a la mentira?

La contradicción social: fallar está bien... pero no para todos

Por un lado, en la sociedad se intenta fomentar que el fallo es parte del aprendizaje y crecimiento, sobre todo en el área del desarrollo personal y de habilidades blandas. Por otro lado, se ataca a quien comete errores; a mi parecer, el ámbito político es el más destacado en este sentido.

Es cierto que ciertas posiciones de liderazgo, como la de los políticos o los médicos, implican vidas en juego y se desea minimizar los fallos, pero ¿somos conscientes de que también habrá errores? Y no necesariamente intencionales o por no seguir un protocolo. A partir de los fallos, la humanidad ha ido añadiendo mejoras. Claro que debe haber sanciones cuando ha sido premeditado o por no hacerlo según un protocolo (pero incluso este último debe ser analizado pues tal vez se identificó que seguir el protocolo llevaba al fallo y realizar algo diferente fue lo mejor —me recuerda en parte a la película Sully—).

Siempre recuerdo una entrevista a niños, donde se les preguntaba qué querían ser de mayores. Varios decían bombero, policía, médico, profesor. Cuando el periodista preguntaba si querrían ser políticos, respondían con un rotundo no. Su reflexión era que los insultan, que sus padres hablan mal de ellos. Los niños no quieren ser tratados mal, por eso no quieren ser políticos.

También recuerdo, ya en la universidad, hablando con una compañera: le pregunté si se veía en política. Su respuesta fue similar a la de los niños. Dijo que le parecía un ambiente tóxico, donde para saber moverse hay que actuar mal o inmoralmente. ¿Cómo vamos a tener buenas personas en puestos políticos si la misma población promueve un rechazo hacia ese sector? ¿No hemos escuchado lo de «todos son ladrones», «todos mienten»? A tal punto que, si un familiar llega a un cargo político, se le dirá: «algo querrás sacar» —de forma despectiva—.

El disfraz de seguridad

Asimismo, el deseo de certidumbre cuando no la hay me lleva a observar que algunos comerciales transmiten con seguridad y confianza —porque así se enseña a comunicar— que su producto o servicio cumple cierta función, cuando en realidad no es así.

El exigir certidumbre parece conllevar un afán de culpar o menospreciar, lo cual nos lleva al surgimiento de la mentira en el otro por miedo o vergüenza.

Muchas veces lo hacen porque creen que podrán resolverlo más adelante, saliéndose con la suya al imponer a producción plazos imposibles para cumplir lo prometido. O porque tienen algo escueto relacionado con lo que el cliente desea y, por no decir que no lo tienen, dicen que sí lo hacen cuando realmente no hace lo que el cliente quiere. Esto ocurre en el sector empresarial donde hay desesperación por vender. De igual forma, en la política. Los políticos, por su parte, buscan transmitir confianza y certidumbre cuando en realidad no saben algo.

La necesidad de cambiar la expectativa

Y tanto los medios de comunicación como la población exigen certidumbre a los políticos cuando esta no existe.

Creo que se debe educar mejor en este sentido: se debe buscar la verdad. Y si la verdad es que en un momento no se sabe algo o no hay forma de saberlo, se debe aceptar y entender el porqué. Y continuar con la búsqueda de la verdad, no de exigir certidumbre.

lunes, 17 de marzo de 2025

Migrar tweets a BlueSky

  •  Exportar datos de Twitter (X)

Una vez solicitado se recibirá un email (menos de 24 horas) avisando que los datos están listos.

    1. Tener instalado NODE
    2. Generar una contraseña en Bluesky para utilizarla con el programa de migración. Ir a configuración - Privacidad y Seguridad - Contraseñas de App - Añadir una nueva.
    3. Una ver copiado el repositorio instalar los paquetes desde la terminal: npm install
    4. Ejecutar el programa. Ejemplo: node app.js --archive-folder /Users/nombreusuario/carpeta-importada-twitter --bluesky-username jp-romero.bsky.social --bluesky-password qwer-asdf-zxccv-1234 --twitter-handles _juanpa --ignore-video-errors

sábado, 8 de marzo de 2025

Sociedad de la sabiduría



Empecemos pensando en: el dato, como la unidad mínima de información, algo que como tal no se considera información pues carece de un sentido si simplemente tenemos: «12», «Juan»; son símbolos que según el lenguaje pueden significar diferentes cosas; incluso podemos reflexionar sobre si cada letra de «Juan» es a su vez un conjunto de datos. En un computador la unidad mínima es el bit que puede ser un «0» o un «1»; pero, según el contexto, como puede ser el sistema de ficheros, la unidad mínima puede ser un bloque, el cual es un número de bytes fijo, y a su vez un byte son 8 bits. ¿Y en el caso del cerebro humano?: tenemos a la neurona como unidad. 

«12», «Juan» son símbolos carentes de un significado, pues intuitivamente podemos pensar en que «Juan» es un nombre y además de una persona, pero aquí ya utilizamos otros datos para deducir eso, como «nombre», «persona», «es», y tan solo es un supuesto, es decir, no podemos afirmar ni negar tal reflexión; de igual forma «12» podemos pensar que es, al menos, un número, pero esto no es más que un supuesto. Una vez que damos un significado a los datos entonces hablamos de información; el tener varios datos y además conocer el significado de su relación nos permite tener información que podemos pasar a convertirla en conocimiento mediante la asimilación, reflexión y comprensión de la información. En el caso de un computador la información son datos estructurados, con cierta organización o diseño que mediante reglas simples implementadas por hardware o software se logra tratar la información; el uso de reglas lógicas es lo que permite interpretación de los datos, y dota de un sentido a los datos. Por su parte el cerebro tiene grupos de neuronas que van asociadas a acciones y su trabajo en conjunto da sentido a la labor individual de cada neurona.  

En la actualidad se habla sobre la sociedad de la información, en parte a, el gran boom que se ha logrado gracias a los avances tecnológicos que posibilitan el acceso a grandes cantidades de información. Existe tanta información que es necesario poder aprender a ser unos buenos gestores de información, para saber discernir sobre qué nos es útil y qué no lo es. Por ello es necesario adquirir, también, conocimientos sobre la gestión de la información que tenemos a nuestra disposición, en el sentido más amplio de estas palabras. Esto nos lleva a un nivel superior que va más allá del conocimiento: el de la sabiduría.

Pasamos de esa unidad que es el dato, a la agrupación de datos que pasan a ser información y, de ella obtenemos conocimientos, para finalmente llegar a la sabiduría. La sabiduría se logra a base de la experiencia y, a la reflexión y corrección de las acciones, actitudes o pensamientos. En el caso de los computadores se pasa de un nivel de crear algoritmos con reglas  básicas de lógica formal, a algoritmos que buscan una, cada vez mayor, capacidad deductiva; capaz de auto-generar nuevas reglas o modificarlas para así generar conocimiento. Como se ha dicho antes: en base a la experiencia se logra la sabiduría; si es así entonces, puede estar cerca el momento de que los computadores en base a la experiencia también alcancen sabiduría. Claro está, aún queda por mejorar la capacidad deductiva de los computadores. Sin embargo, el ser humano teniendo la capacidad de alcanzar sabiduría, ¿por qué no tenemos una sociedad sabia?

2015-03-30

Posible vs Probable

El pensar en posibilidades y en probabilidades me recuerda a las clases de Inteligencia Artificial, en las que se hablaba de que, por posible, cualquier cosa es posible, como que mañana llueva aunque el pronóstico indique sol. Pero eso ya es una probabilidad basada en datos.

Así mismo, es posible que nos ganemos la lotería, pero muy poco probable. También se hablaba de que, en probabilidad, la suma de las distintas opciones es la unidad. Por ejemplo, si la probabilidad de obtener un 1 al lanzar un dado de 6 caras es 1/6, la probabilidad de que no salga 1 es 5/6, es decir, el complemento.

Pero cuando se trata de posibilidades, su suma no tiene por qué ser 1. Por ejemplo, en una carrera de caballos en la que participan tres caballos: Relámpago puede tener una posibilidad de ganar casi segura (0.9), Flash puede que sí o que no (0.5), e Isabella seguramente no gane (-0.9). Sin embargo, la posibilidad de que Relámpago pierda puede ser 0.3, la de que Flash pierda 0.7, y la de que Isabella pierda 1. Como se puede ver, son valores que no son complementarios.

Tomando en cuenta la lógica borrosa, se pone el ejemplo de que con 40 ºC seguro hace calor (1), pero con 27 ºC es posible que haga calor 0.8...

Posible puede ser cualquier cosa, pero probable es otra cosa.

Una cosa son las posibilidades, otra cosa son las probabilidades, y otra diferente, las realidades.


2015-04-06

Ellas provocan



Algunos dicen que las mujeres van provocando y otros dicen que no es así. Rápidamente viene a la mente la perspectiva sexual de que van provocando... Pero, eso tan solo es una forma de verlo, propia de la cultura de la sociedad, pues bien, si la sociedad está acostumbrada a que las mujeres vayan sin nada que les cubra, esa sociedad no ve ningún problema en ello, han crecido así. Personalmente, me gusta la existencia de cierto pudor, ese toque de picardía. Que aunque sea tu pareja no se pierda ese toque, no se caiga en rutinas que maten el entusiasmo, que siga provocando esas ganas por ver lo que se esconde bajo la vestimenta, por conocer y vivir experiencias, somos seres experienciales.

Sin limitarnos a esa visión reducida a un aspecto sexual, para mí, las mujeres sí que van provocando. Van provocando sonrisas, alegrías, ganas de abrazarlas. Tanto como a los niños apetece «comérselos a besos», o como suele apetecer abrazar a los adultos mayores que resultan tan lindos. O a cualquier persona que demuestra bondad, solidaridad, provocan aplausos, admiración, felicidad.

He vivido rodeado de mujeres, tías y abuelas que eran madres, hermanas, primas, amigas... Los momentos más felices suelen venir provocados por compartir junto a mujeres.  Claro que van provocando, muchas de ellas provocan un ejemplo a seguir, un ejemplo de trabajo, esfuerzo. Provocan amarlas. Esto no sería vida sin ellas.

2015-06-01