El cristal es algo que, según su estado, puede ser tan translúcido que nos deja ver a través de él —aunque de cerca y con atención podemos notarlo—. Es un sólido que deja pasar la luz casi al cien por cien; si podemos verlo, es porque algo en su estructura aún retiene una pequeña parte de ella.
El cristal es transparente, pero puede no serlo del todo. Tiene de ambas cualidades, aunque se incline más hacia un lado. Creo que fue con un prisma con el que se demostró que la luz blanca se descompone en varios colores. Hay tantas cosas que ya no recuerdo, muchas más que no sé y que la humanidad sí conoce, y cuántas más aún por descubrir.
Los cristales se utilizan en tantos productos de nuestro día a día que ya ni lo notamos: monitores, ventanas, relojes, bombillas. Pero esto me lleva a pensar en cuánto plástico hay que parece cristal y se usa en su lugar —porque muchas bombillas, paneles de iluminación, lunas de relojes, pantallas, protectores de pantallas e incluso algunas ventanas son en realidad plástico—.
Muchas de las cosas que pueden parecernos cristal son plástico fabricado con ese fin: imitar al cristal permitiendo el paso de la luz. Tal vez ocurre lo mismo con otras cosas que creemos son transparentes pero son imitaciones.






