Tal vez hemos inventado esta palabra para culpar a otro de nuestras malas acciones: para descargar responsabilidad. O bien el demonio nos tentó, o es cosa del demonio. En otras palabras, quien hizo el mal fue el demonio, o fuimos nosotros pero porque el demonio nos engañó. Ambas son actos de excusa, de irresponsabilidad, de lavarse las manos y no asumir responsabilidad.
Por eso algunos pensadores debieron reflexionar y concluir que el demonio está en nosotros, o que es parte de nosotros. En realidad, es una forma de etiquetar el mal dándole una personalidad ajena, o tratándolo como algo que podemos separar de nosotros mismos. Pero puede ser simplemente el resultado del libre albedrío ejercido por seres espiritualmente inmaduros.
Si el propósito de todo ser es amar, servir y buscar la verdad, entonces en su punto más maduro y perfecto es a lo que llamamos Dios. El demonio es solo el otro extremo. Y según el nivel de madurez espiritual de un individuo, este se encuentra más cerca de un extremo o del otro.
Cuando líderes espirituales como Jesús dicen que Dios está en nosotros, debe ser porque tenemos el potencial de llegar a ser como Dios. Para ello debemos desarrollarnos espiritualmente: la regla de oro es el camino.
¿No os gustaría revivir experiencias? Si fuéramos todopoderosos, podríamos vivir una infinidad de experiencias. Y nosotros somos, en cierto modo, experiencias. Al final, debemos ser experiencias de Dios en esta simulación llamada vida.





.jpg)
