Todo conocimiento nuevo se entiende por asociación con lo que ya conocemos. Sin ese puente, ninguna explicación es posible. Escribir sirve para muchas cosas: aclarar ideas, descargar la mente, transmitirlas. Escribir es trasladar al mundo físico las ideas intangibles que habitan el universo de lo mental. Y a su vez puede servir para proyectar algo que viene del universo de lo espiritual.
El lenguaje es ambiguo e interpretable. Hay un contexto tanto en quien transmite por escrito como en quien recibe el mensaje —y este lo interpretará según los límites de su propio contexto—.
¿Cómo explicarle a alguien de hace seis mil años que es posible hablar y ver a otra persona que se encuentra a miles de kilómetros? Habría que explicar las computadoras en términos que pudiera entender, así como qué significa miles. Sonaría a espíritus, ángeles, o lo que fuera propio de su tiempo —porque la forma de entender algo nuevo es relacionarlo con lo que ya se conoce—.
Por eso me resultan interesantes los sueños: es como ver una desfragmentación en progreso. Y para entender a qué me refiero, hay que tener una idea de lo que es la desfragmentación del disco duro de un computador. Si soñar con vacas gordas y sanas significa abundancia, es como ver el lenguaje ensamblador que usa el cerebro mientras compila y reorganiza la información. Si un ser con mayor conocimiento intenta explicarnos algo y no lo entendemos, es porque nos falta el conocimiento previo con el que relacionar lo que nos transmite —y sin esa asociación con lo conocido, la comprensión no es posible—.






