Así como los computadores se vuelven más eficientes, el sistema estatal debería hacer lo mismo. Se aplica ingeniería para mejorar tecnologías y métodos en las distintas áreas, y hay avances constantes. ¿Qué ingeniería se aplica para mejorar los procesos estatales? ¿Cómo se mejoran las elecciones? Algunos países tienen distintos sistemas de asignación de escaños, algunos implementan el voto electrónico o mantienen el voto por correo, pero muy pocos —o ninguno— experimentan cambios de mayor calado: cambios que respondan a problemas reales como la insatisfacción con todos los candidatos, la necesidad de diferenciar el rechazo de la aprobación, o la dificultad de formar mayorías que eviten el bloqueo del gobierno.
Una de las situaciones que más llama la atención es caer en la percepción de que todos son iguales, de que las elecciones son un circo y da igual quién gane. Ante eso, debemos hacer algo para cambiar la dinámica. Al mismo tiempo, se genera una cultura de rechazo y estigmatización de la política como algo sucio —y por eso las personas de bien no se ven entrando en ella—.
Las elecciones deben mejorarse para reflejar mejor el sentir del soberano y darle una opción real de reciclar los partidos políticos. Las primarias actuales mantienen a los dirigentes en el poder, y en varios partidos se puede observar cómo llevan toda una vida enquistados: el partido se convierte en el partido del líder, en un cacicazgo, una mafia, una dictadura interna. Nadie aceptaría un computador que funciona igual que hace cincuenta años. ¿Por qué aceptamos un sistema electoral que sí lo hace?






