El que no llora no mama. ¿Habéis escuchado este dicho? Me hace pensar en que uno no sabe pedir lo que quiere —como los bebés—. Lloras, y ese llanto puede ser por hambre o por distintas razones, ya que no puedes comunicar más allá del llanto. Y una de las primeras cosas que se puede pensar es que el bebé tiene hambre, así que se le da de mamar.
A mí no me gusta la frase porque me hace pensar en que lo que se consigue con ella es una cantidad de llorones. Gente que, en vez de preguntar de forma constructiva —aportando contexto e incluso posibles soluciones—, o de pedir, o de reclamar con argumentos, simplemente se queja. Prácticamente lloros, berrinches.
De hecho, la democracia parece tener entre sus desventajas la de promover precisamente eso. Si nos fijamos en las distintas democracias del mundo, los partidos que no gobiernan parecieran tener como papel el de atacar al gobierno y hacer berrinches, más que el de rogar, proponer o construir. De hecho se les llama «oposición» y, como tal, se oponen a todo. ¿No os parece un fallo estructural del sistema?
O al menos eso es lo que muestran públicamente, porque luego los repartos y acuerdos pueden darse según convenga al bolsillo particular. El problema es la codicia, la falta de coherencia e integridad, y la falta de transparencia. Y el sistema no ayuda, más bien parece sustentarlo. Y así, el que no llora no mama, y los que más lloran, gobiernan. Hasta que aprendamos a pedir en lugar de berrinchear, el sistema seguirá siendo de los que más ruido hacen.






