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jueves, 30 de julio de 2026

Tell


Telling stories is how people shared knowledge, wisdom, and morals. Before writing, people only had stories to tell. And those stories could be different each time someone told them. Yes, people can memorise stories — but is it not better to transmit feelings and connect with your audience by adapting the story to them?

I always remember an exercise we did at school. Four classmates were chosen and taken out of the classroom. One of them read a short story aloud to those remaining inside, and then told it — not read it — to one of the classmates waiting outside, without the others hearing. That second classmate came in and told us the story: it was already slightly different. Then the second told it to the third, and so the process repeated. By the third retelling the story had changed noticeably, and by the time the fourth told it, it was completely different. This exercise helped us understand that stories can change — and distort — their original meaning with each retelling.

Psychologists call this the telephone effect — each retelling introduces small changes that compound into something unrecognisable. And that is one reason why stories like those in the Bible may contain inconsistencies or contradictions. Also because the way people communicated in ancient times was often more metaphorical or mystical. Should we take those stories literally? I would say no — and I would argue that we have been given the capacity to think and discern precisely so that we do not.

martes, 14 de julio de 2026

Batalla

Tenemos una batalla que parece perdida: la batalla contra quienes buscan poder y entienden que solo mediante él consiguen su propósito en la vida, que es tener más y más poder. ¿Cómo ganas una batalla contra quien tiene poder y tú no lo quieres?

Hay distintas formas de entender el poder. Podríamos usar las tres áreas de desarrollo: físico, mental y espiritual.

El poder físico —ya sea la fuerza pública o los mercenarios— responde en última instancia al poder financiero, que tiene por lo general más influencia que el poder social o político, los cuales también responden al financiero. El poder mental —sea este el conocimiento o la información— está igualmente subordinado al poder financiero: las corporaciones financian, compran y controlan mediante patentes, o absorben a las pequeñas empresas. Usan el poder político y manipulan el social. El poder espiritual, entendido como la religión de rituales, está también contaminado y manipulado por los poderosos. Las religiones, en nombre de Dios, han generado guerras, se han enriquecido y han puesto y quitado gobernantes.

En tiempos más recientes puede parecer que quienes desean controlarlo todo han perdido parte de ese poder en lo religioso. De hecho, se dice que las iglesias evangélicas, entre otras, sirven precisamente para mantener el control: profetizan el individualismo, el éxito material y el amor al dinero. Sus seguidores no reflexionan sobre cuánto tienen de espiritual —poco o nada—.

El despertar espiritual es lo que mantiene libres a los seres humanos, lo que es capaz de unirlos e influir en la lucha en los planos mental y físico. Entonces: ¿cómo ganas esa batalla? No queriendo el poder que ellos quieren, sino despertando al poder que ellos no pueden comprar.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Pledge

There are two ways to read a pledge. One leads to war. The other leads home.

There is a problem with fanatics who interpret religious writings as the word of God and bend them to fit their own interests. The pledge of the land to Israel — as there is a land, and people created a state called Israel — leads some to believe that everything is valid in reaching that purpose: killing, lying, whatever it takes. To them, the land cannot be the Kingdom of God that is within us when we live in peace. To them, Israel cannot be anything other than a place exclusively for Jews — it cannot be a people who simply live as good persons, who let their light shine, the light that is inside every person who chooses to recognise it.

The true pledge is to everyone who loves, serves, and lives in truth — to return to the source, the Kingdom of God, the light and eternal life. The call is to recognise God in ourselves and in others, and to see the exterior in the interior as the interior in the exterior: we are the same light. Love the other as your own soul — because both are part of the same whole. It is as though after dying in the physical world we wake up and see that the experience we lived was like a dream, and every experience — from everyone — is part of the same being.

We cherish the experiences where the lost sheep is found, where the prodigal son returns, where a species grows and lives in the light.

miércoles, 15 de abril de 2026

El inventar como parte de la búsqueda de la verdad

Creo que el impulso de inventar en el ser humano viene de tres cosas: imaginación, creatividad y necesidad.

a) Imaginación. El ser humano es, que sepamos, el único ser en la Tierra capaz de visualizar realidades que aún no existen. Esta capacidad le permite pensar en el futuro y contemplar futuros posibles.

Es una habilidad útil para jugar al ajedrez o para desarrollar una estrategia. Además, le permite crear simulaciones a partir de lo que ya conoce; pero va más allá: es capaz de visualizar mediante analogías y metáforas. Y es aquí donde entra la creatividad.

b) Creatividad. Es una habilidad que demuestra ingenio e inteligencia. También la utilidad y la practicidad son cualidades que me vienen a la mente al pensar en ella.

Es la habilidad de encontrar algo bello. Quizás la creatividad es una habilidad que conecta con la conciencia suprema y revela la verdad. En ese sentido, la creatividad sería el mecanismo para revelar la verdad.

c) Necesidad. Cuando el ser humano está en apuros, en una situación de gran necesidad, es cuando más creativo e imaginativo se vuelve. Esto lo lleva a descubrir nuevo conocimiento y a innovar. Y recordemos que históricamente, cuando la humanidad ha estado en necesidad, ha recurrido a Dios; ha buscado que le guíe.

Esta necesidad permite que la creatividad revele la verdad, y así el ser humano va conociendo la verdad de forma relativa; relativa porque es una verdad que se va desvelando poco a poco, según el ser humano la va comprendiendo. Este podría ser, entonces, un mecanismo divino para revelar la verdad al ser humano.


domingo, 8 de marzo de 2026

¿A quién le conviene que apoyes la guerra?

Ciertamente, si escuchas que las razones para invadir un país son: quitar a un dictador, ayudar a las mujeres o luchar contra el narcotráfico, suena como algo bueno. Pero hay que cuidarse de lo que te pintan como bueno, como de los falsos profetas.

Entendamos tres cosas:

a) Que en realidad hay otros intereses mezquinos, como obtener el petróleo u otro tipo de saqueo, o establecer control imperialista. Es como los gánsteres o «vacunadores» en Ecuador, pero a escala de un país que domina a otro: así como el gánster justifica la extorsión llamándola «protección», y la protección suena a algo bueno, el agresor justifica la invasión con un discurso similar. Y ahora ya ni lo ocultan: Trump ha dicho claramente que lo que quieren es el petróleo. ¿No quieres que un gánster cuide tu negocio, pero sí tu país o el de otro?

b) El relato público de buenas intenciones. Se usan personas bien intencionadas para sostener la narrativa: llevar médicos, voluntarios y construir un hospital de campaña es una inversión insignificante para tener algo que mostrar y apoyar la historia de buenas intenciones, controlando así el relato público. Incluso se usan ONG que a su vez sirven a grandes corporaciones para evadir o reducir impuestos. Esto se usa como anzuelo para el apoyo público. ¿Caes en esto? ¿Cómo les fue a Afganistán, Irak, Vietnam?

c) Se señala el mal en el agredido ignorando el mal en el agresor. Se justifica que el matón del patio le pegue a otro porque te cae mal o porque ha hecho algo malo, negando que mata o comete las mismas violaciones que condena. Incluso se justifican sus crímenes pasados, presentes y futuros, cambiando de criterio según convenga sin importar las contradicciones, como quienes votaron a Trump porque iba a bajar los precios, publicar todos los documentos de Epstein y no hacer más guerras, para luego justificar lo contrario. Un ejemplo: dicen que los papeles de Epstein ya se publicaron, pero 1) se publican a cuentagotas mientras afirman cada vez que ya han publicado todo, y 2) están censurados, por lo que no se sabe realmente lo que contienen. Otro ejemplo, el de migrantes que apoyan que Trump expulse a los migrantes indeseados porque ellos no son indeseados, hasta que los expulsan a ellos. Picaron el anzuelo. El egoísmo ciega.

Si no negamos lo anterior, entonces una buena pregunta que suele surgir es: ¿y entonces dejamos que siga el dictador, los cárteles, que se siga matando?

Entendamos otras tres cosas:

a) Controlar el poder. Estar en contra de una intervención unilateral no es estar a favor del narco ni de los dictadores. Se detecta a un fanático, o el fracaso del sistema educativo, cuando alguien razona con esa lógica. Es como si criticar los fallos del capitalismo automáticamente te hiciera comunista. Ridículo.

Estar en contra de la intervención de uno o un grupo no es necesariamente estar en contra de cualquier intervención; lo que se debe reclamar es que se rijan por reglas como el derecho internacional, un marco que impida que cualquiera intervenga sin apoyo mayoritario y reine la ley de la jungla. El punto es actuar dentro de unas reglas que te protegen a ti y a todos frente a quien acumula demasiado poder, y que se actúe no por intereses mezquinos. ¿Puede la ley moldearse a conveniencia del poderoso? Sí, y ahí es precisamente donde la moralidad y la coherencia sirven para identificar la trampa y luchar por mejorar la ley, actuando siempre dentro de unas reglas cada vez más justas. ¿Por qué el régimen de Irán es malo y el de Arabia Saudí bueno? ¿Por qué se sanciona a Rusia y no a Israel? Es necesaria la discusión y el contraste de posturas con mente abierta para llegar a mejores soluciones. ¿Apoyamos al matón cuando nos conviene, mientras no nos ataque a nosotros? ¿Apoyamos al matón sin pensar en las consecuencias? ¿Entonces quién nos va a defender? ¿Apoyamos la imposición de un país sobre el mundo cuando decimos defender la democracia? ¿No le está pasando a Europa que ha apoyado a EE.UU. y ahora le amenaza? El otro extremo a evitar es negarse a cualquier tipo de intervención.

b) El fanatismo es un problema. Se acusa a otros de fanáticos cuando ellos mismos lo son, y es lo que se observa en el gobierno de Israel y en sus seguidores, dispuestos a matar. Los nazis empezaron persiguiendo a un grupo selecto; no eran todos los judíos, por lo que si no te afectaba no pasaba nada, y fueron ampliando su alcance conforme ganaban poder, mientras la mayoría permanecía neutral hasta que ya no tenían vergüenza y era público. Lo que no se quiere es que vuelva a ocurrir algo así: hoy dicen que los cristianos son bienvenidos, igual que antes lo decían de los palestinos y musulmanes, pero ya hay quienes llaman antisionistas a los cristianos y los agreden, al tiempo que generan odio hacia los musulmanes. Solo van ganando terreno, en influencia y literalmente en territorio. Su propaganda te dirá que ahora son amigos y por eso les apoyas. No todos los judíos son iguales ni todos los israelíes son iguales; ni todos ellos apoyan al gobierno de Israel. ¿No fueron unos fanáticos los que mataron a Jesús? ¿No te enseña nada eso? La propaganda crea fanáticos. La propaganda crea odio.

c) Se empeñan en seguir cometiendo los mismos errores. Es reconocido que la CIA se encargó de instalar dictaduras en Latinoamérica y el mundo. Llegan a justificar que era preferible la dictadura a que gobernara alguien elegido democráticamente pero que no les agrada, como Allende en Chile, y aun así dicen defender la democracia, pero solo cuando les conviene. La propaganda les ha cegado con el odio. Es como los religiosos que odian y desprecian a los demás, siendo precisamente incoherentes con las enseñanzas de su propia religión, lo que lleva a una moral cuestionable y a una falta de criterio coherente. ¿Recuerdan a Milei llamando al papa Francisco el Anticristo? Los fanáticos católicos están en contra de Francisco solo porque hablaba de justicia social, igual que etiquetan a cualquiera de socialista o comunista.

Se centran en discusiones sobre el sistema cuando ese no es el problema de fondo. Unos pueden señalar que en el comunismo la gente pasaba hambre y frío mientras quienes estaban en el poder tenían comida en abundancia, calefacción y comodidad. Pero ese mismo problema se da en el capitalismo: gente pasando hambre y frío mientras quienes manejan los recursos viven con comodidad. No se trata de empobrecer al que tiene, sino de ayudar al que no tiene y de mejorar lo que tenemos, más aún cuando se identifican injusticias e inmoralidades. La humanidad ha progresado cambiando estructuras. ¿Porque el feudalismo es mejor que la esclavitud seguimos con el feudalismo? ¿Porque el capitalismo sea lo mejor no se puede cambiar? Al final importa poco si el sistema es república, monarquía absoluta o monarquía parlamentaria, si se trata de un país, una tribu o una familia; lo que siempre ha importado es la regla de oro: no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Si la regla de oro es tratar al otro como quieres ser tratado, el problema es que constantemente la rompemos desde la ira, el orgullo, el engaño o la codicia. El primer paso es reconocer esto; el segundo, reconocerlo justo después de haber caído en ello y reflexionar; el tercero, reconocerlo en el momento en que estamos en ese estado y detenernos; el cuarto, reconocerlo antes de caer y actuar bien en su lugar. Así se cambia un mal hábito que es la fuente del infierno en la tierra. 

Nosotros somos los que permitimos la guerra y el hambre. Nosotros podemos acabar con la guerra y el hambre. No esperemos a que nos afecte a nosotros. No seamos la mayoría neutral que miraba mientras los nazis ganaban poder. No deshumanicemos al otro. Demos paso a una era de hermandad, donde los métodos no traicionen los principios, donde tratemos al otro como hermano. El momento es ahora. La decisión es tuya. La decisión es nuestra.


domingo, 8 de febrero de 2026

¿Es necesario enseñar religión en el siglo XXI?


Cuando todo parece fragmentarse, solemos reaccionar cerrándonos, señalando culpables o simplificando problemas complejos. La globalización e internet facilitan la fricción de ideas, de formas de ver la vida; también el bullying, y el aprender —para bien o para mal— una forma de juzgar común.

«Si en casa no has aprendido, si en el aula no has aprendido, la vida te enseñará», es un dicho común.
Hoy, gran parte de ese aprendizaje está ocurriendo en internet, donde se produce un choque constante de ideas. Pero la pregunta que debemos hacernos es: ¿estamos educados para discernir la verdad?

Conocer es lo que nos hace libres

El ser humano no se libera negando lo que no entiende, sino conociéndolo.
La ignorancia no solo limita el pensamiento, también limita la empatía.

Aprender es lo que permite crecer. Y crecer implica confrontar ideas distintas, incluso aquellas que no compartimos. No para adoptarlas, sino para comprenderlas, analizarlas y, si es necesario, rechazarlas con criterio.

Religión y espiritualidad: conocimiento, no catequesis

Cuando se habla de enseñar religión en la escuela, muchos imaginan imposición, dogma o adoctrinamiento. Esa imagen parte de una experiencia histórica concreta, pero no tiene por qué ser así.

¿Y si se plantea desde otro enfoque?:

  • Un enfoque laico
  • Estudio comparado de religiones y tradiciones espirituales
  • Comprensión de su impacto cultural, ético y filosófico
  • Análisis crítico de sus luces y sombras

Enseñar religión no para enseñar qué creer, sino para enseñar a pensar sobre aquello que millones de personas creen.

Una transición histórica que exige algo más

Las sociedades atraviesan ciclos. Las crisis no son solo fallos del sistema, sino señales de que la conciencia colectiva ha cambiado y las instituciones no han sabido acompañarla. Y las religiones, son aún más lentas que las instituciones gubernamentales.

Creo que estamos dejando atrás una era centrada en el conocimiento técnico para entrar en una etapa donde lo esencial será:

  • El juicio
  • La ética
  • La filosofía
  • La capacidad de convivir

No es casualidad que, en paralelo, emerja con fuerza la inteligencia artificial.

La IA y el nuevo valor humano

Lo que diferencia al ser humano de la máquina es su capacidad de discernir, de valorar, de asumir responsabilidad moral. El ser humano usará la inteligencia artificial como herramienta, pero debe tener criterio para decidir cómo y para qué usarla.

Eso no se improvisa.
Se entrena desde la educación.

Una sociedad que no educa en valores, ética y espiritualidad delega el juicio en algoritmos o en impulsos primarios. Podemos caer en un intelectualismo carente de sentido humanista, sin propósito.

El error de los debates simplistas

Seguimos atrapados en discusiones: capitalismo o comunismo, derecha o izquierda, nosotros o ellos.

Pero ningún sistema económico ha erradicado la miseria humana.
Porque el problema de fondo no es el sistema, es no seguir la regla de oro, la deshumanización del otro

Cuando alguien deja de considerar humano al que tiene enfrente, todo se vuelve justificable. La humanidad se ha desarrollado y, gracias a ese desarrollo, han ido surgiendo nuevos sistemas; no es que la humanidad avance gracias a los sistemas. Cuando un sistema se vuelve obsoleto, surgen crisis sociales y, a partir de ellas, nuevos sistemas.

 ¿Estamos en una etapa de crisis?

¿Y, por lo tanto, en proceso de transformar el sistema actual?

Objeciones habituales y respuestas desde cada postura

Objeción desde la izquierda: «La religión es una herramienta de control»

Es cierto que históricamente la religión ha sido usada para justificar abusos de poder. Negarlo sería ingenuo.

Precisamente por eso, no enseñarla deja el terreno libre a la manipulación.

Desde una postura progresista, una educación laica en religión:

  • Desmitifica el poder religioso
  • Fomenta el pensamiento crítico
  • Evita que la fe sea monopolio de líderes o instituciones

Conocer es emanciparse.
La ignorancia, en cambio, es el caldo de cultivo del fanatismo.

Objeción desde la derecha: «Estamos desbordados, especialmente por el islam»

Este miedo existe, en algunos países de Europa, y no se combate negándolo, sino abordándolo con realismo.

Pero la falta de conocimiento no protege la identidad, la debilita.

Desde una postura conservadora:

  • Conocer el islam no implica adoptarlo
  • Comprender sus diferencias permite defender mejor los valores propios
  • La integración es más eficaz cuando hay formación, no cuando hay miedo
  • Una sociedad segura de sí misma no teme estudiar lo que la desafía.

Objeción desde el laicismo radical: «La escuela no debe tocar lo espiritual»

La laicidad no es negación de lo espiritual, sino neutralidad del Estado.

Excluir toda reflexión espiritual no es neutralidad, es empobrecimiento cultural.

Desde una postura laica:

  • La religión es un fenómeno humano, histórico y social
  • Ignorarla es ignorar una parte esencial de la humanidad
  • Estudiarla no vulnera la libertad de conciencia, la fortalece

Objeción pragmática: «Hay cosas más urgentes que enseñar religión»

La pregunta es: ¿qué es más urgente que aprender a convivir?

La violencia, la polarización y la deshumanización no se solucionan solo con más matemáticas o tecnología.

La educación en valores no compite con otras materias, las sostiene.

Educar para la hermandad

No se trata de que todos crean lo mismo.
Se trata de que todos aprendan a juzgar mejor.

Una educación que incluya religión, filosofía, ética y espiritualidad no busca uniformar, sino preparar personas capaces de:

  • Reconocer al otro como humano
  • Discernir el bien del mal
  • Asumir responsabilidad moral
  • Aportar lo que ninguna IA puede replicar

Si queremos avanzar como sociedad, no basta con saber más.
Necesitamos ser más conscientes.

Y eso empieza por atrevernos a educar allí donde durante demasiado tiempo solo hemos reaccionado con miedo o silencio.