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domingo, 8 de marzo de 2026

¿A quién le conviene que apoyes la guerra?

Ciertamente, si escuchas que las razones para invadir un país son: quitar a un dictador, ayudar a las mujeres o luchar contra el narcotráfico, suena como algo bueno. Pero hay que cuidarse de lo que te pintan como bueno, como de los falsos profetas.

Entendamos tres cosas:

a) Que en realidad hay otros intereses mezquinos, como obtener el petróleo u otro tipo de saqueo, o establecer control imperialista. Es como los gánsteres o «vacunadores» en Ecuador, pero a escala de un país que domina a otro: así como el gánster justifica la extorsión llamándola «protección», y la protección suena a algo bueno, el agresor justifica la invasión con un discurso similar. Y ahora ya ni lo ocultan: Trump ha dicho claramente que lo que quieren es el petróleo. ¿No quieres que un gánster cuide tu negocio, pero sí tu país o el de otro?

b) El relato público de buenas intenciones. Se usan personas bien intencionadas para sostener la narrativa: llevar médicos, voluntarios y construir un hospital de campaña es una inversión insignificante para tener algo que mostrar y apoyar la historia de buenas intenciones, controlando así el relato público. Incluso se usan ONG que a su vez sirven a grandes corporaciones para evadir o reducir impuestos. Esto se usa como anzuelo para el apoyo público. ¿Caes en esto? ¿Cómo les fue a Afganistán, Irak, Vietnam?

c) Se señala el mal en el agredido ignorando el mal en el agresor. Se justifica que el matón del patio le pegue a otro porque te cae mal o porque ha hecho algo malo, negando que mata o comete las mismas violaciones que condena. Incluso se justifican sus crímenes pasados, presentes y futuros, cambiando de criterio según convenga sin importar las contradicciones, como quienes votaron a Trump porque iba a bajar los precios, publicar todos los documentos de Epstein y no hacer más guerras, para luego justificar lo contrario. Un ejemplo: dicen que los papeles de Epstein ya se publicaron, pero 1) se publican a cuentagotas mientras afirman cada vez que ya han publicado todo, y 2) están censurados, por lo que no se sabe realmente lo que contienen. Otro ejemplo, el de migrantes que apoyan que Trump expulse a los migrantes indeseados porque ellos no son indeseados, hasta que los expulsan a ellos. Picaron el anzuelo. El egoísmo ciega.

Si no negamos lo anterior, entonces una buena pregunta que suele surgir es: ¿y entonces dejamos que siga el dictador, los cárteles, que se siga matando?

Entendamos otras tres cosas:

a) Controlar el poder. Estar en contra de una intervención unilateral no es estar a favor del narco ni de los dictadores. Se detecta a un fanático, o el fracaso del sistema educativo, cuando alguien razona con esa lógica. Es como si criticar los fallos del capitalismo automáticamente te hiciera comunista. Ridículo.

Estar en contra de la intervención de uno o un grupo no es necesariamente estar en contra de cualquier intervención; lo que se debe reclamar es que se rijan por reglas como el derecho internacional, un marco que impida que cualquiera intervenga sin apoyo mayoritario y reine la ley de la jungla. El punto es actuar dentro de unas reglas que te protegen a ti y a todos frente a quien acumula demasiado poder, y que se actúe no por intereses mezquinos. ¿Puede la ley moldearse a conveniencia del poderoso? Sí, y ahí es precisamente donde la moralidad y la coherencia sirven para identificar la trampa y luchar por mejorar la ley, actuando siempre dentro de unas reglas cada vez más justas. ¿Por qué el régimen de Irán es malo y el de Arabia Saudí bueno? ¿Por qué se sanciona a Rusia y no a Israel? Es necesaria la discusión y el contraste de posturas con mente abierta para llegar a mejores soluciones. ¿Apoyamos al matón cuando nos conviene, mientras no nos ataque a nosotros? ¿Apoyamos al matón sin pensar en las consecuencias? ¿Entonces quién nos va a defender? ¿Apoyamos la imposición de un país sobre el mundo cuando decimos defender la democracia? ¿No le está pasando a Europa que ha apoyado a EE.UU. y ahora le amenaza? El otro extremo a evitar es negarse a cualquier tipo de intervención.

b) El fanatismo es un problema. Se acusa a otros de fanáticos cuando ellos mismos lo son, y es lo que se observa en el gobierno de Israel y en sus seguidores, dispuestos a matar. Los nazis empezaron persiguiendo a un grupo selecto; no eran todos los judíos, por lo que si no te afectaba no pasaba nada, y fueron ampliando su alcance conforme ganaban poder, mientras la mayoría permanecía neutral hasta que ya no tenían vergüenza y era público. Lo que no se quiere es que vuelva a ocurrir algo así: hoy dicen que los cristianos son bienvenidos, igual que antes lo decían de los palestinos y musulmanes, pero ya hay quienes llaman antisionistas a los cristianos y los agreden, al tiempo que generan odio hacia los musulmanes. Solo van ganando terreno, en influencia y literalmente en territorio. Su propaganda te dirá que ahora son amigos y por eso les apoyas. No todos los judíos son iguales ni todos los israelíes son iguales; ni todos ellos apoyan al gobierno de Israel. ¿No fueron unos fanáticos los que mataron a Jesús? ¿No te enseña nada eso? La propaganda crea fanáticos. La propaganda crea odio.

c) Se empeñan en seguir cometiendo los mismos errores. Es reconocido que la CIA se encargó de instalar dictaduras en Latinoamérica y el mundo. Llegan a justificar que era preferible la dictadura a que gobernara alguien elegido democráticamente pero que no les agrada, como Allende en Chile, y aun así dicen defender la democracia, pero solo cuando les conviene. La propaganda les ha cegado con el odio. Es como los religiosos que odian y desprecian a los demás, siendo precisamente incoherentes con las enseñanzas de su propia religión, lo que lleva a una moral cuestionable y a una falta de criterio coherente. ¿Recuerdan a Milei llamando al papa Francisco el Anticristo? Los fanáticos católicos están en contra de Francisco solo porque hablaba de justicia social, igual que etiquetan a cualquiera de socialista o comunista.

Se centran en discusiones sobre el sistema cuando ese no es el problema de fondo. Unos pueden señalar que en el comunismo la gente pasaba hambre y frío mientras quienes estaban en el poder tenían comida en abundancia, calefacción y comodidad. Pero ese mismo problema se da en el capitalismo: gente pasando hambre y frío mientras quienes manejan los recursos viven con comodidad. No se trata de empobrecer al que tiene, sino de ayudar al que no tiene y de mejorar lo que tenemos, más aún cuando se identifican injusticias e inmoralidades. La humanidad ha progresado cambiando estructuras. ¿Porque el feudalismo es mejor que la esclavitud seguimos con el feudalismo? ¿Porque el capitalismo sea lo mejor no se puede cambiar? Al final importa poco si el sistema es república, monarquía absoluta o monarquía parlamentaria, si se trata de un país, una tribu o una familia; lo que siempre ha importado es la regla de oro: no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Si la regla de oro es tratar al otro como quieres ser tratado, el problema es que constantemente la rompemos desde la ira, el orgullo, el engaño o la codicia. El primer paso es reconocer esto; el segundo, reconocerlo justo después de haber caído en ello y reflexionar; el tercero, reconocerlo en el momento en que estamos en ese estado y detenernos; el cuarto, reconocerlo antes de caer y actuar bien en su lugar. Así se cambia un mal hábito que es la fuente del infierno en la tierra. 

Nosotros somos los que permitimos la guerra y el hambre. Nosotros podemos acabar con la guerra y el hambre. No esperemos a que nos afecte a nosotros. No seamos la mayoría neutral que miraba mientras los nazis ganaban poder. No deshumanicemos al otro. Demos paso a una era de hermandad, donde los métodos no traicionen los principios, donde tratemos al otro como hermano. El momento es ahora. La decisión es tuya. La decisión es nuestra.


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