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lunes, 26 de octubre de 2026

Promesa

Una promesa puede hacerse hacia otra persona, o hacia un ente —como en el caso de quienes hacen promesas a santos—. Pero en el fondo es como trasladar a alguien una promesa hecha a uno mismo. Y claro está, la promesa al yo más pequeño. Pienso que incluso las promesas a otras personas son, en el fondo, promesas contigo mismo —porque eres tú quien se compromete a realizar, completar o lograr algo—.

Y puede que romper una promesa con uno mismo sea más fácil que romperla con otra persona, por el sentimiento de compromiso que genera tener a alguien más implicado. Como si uno pudiera excusarse ante sí mismo con más facilidad. Con otra persona, en cambio, no es del todo seguro que funcione así —y según tus principios y valores, te será más difícil no cumplir—.

Una promesa, para su cumplimiento, está entonces ligada a los principios y valores de la persona. Entre esos valores están la disciplina, la coherencia y la integridad —y podemos también llegar al valor principal de tratar a los demás como nos gustaría ser tratados—. Y al propósito de amar, servir y buscar la verdad. Por ello es importante sentar los cimientos en la educación desde la infancia, para facilitar el cumplimiento de las promesas que se hagan a lo largo de la vida.

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