No todas las muertes ocupan el mismo espacio en los medios. Y eso nos dice más sobre el sistema que cualquier declaración de un gobierno. Las personas se decepcionan con los gobiernos del mundo porque permiten un genocidio. Algunos gobiernos emiten pronunciamientos tibios o, aunque parezcan más contundentes, los hechos dicen lo contrario. Pueden declarar que están en contra del genocidio e impulsar leyes para presionar su cese —pero esas mismas leyes contienen cláusulas que permiten eludir el supuesto cese de relaciones—.
La decepción es con toda una clase política, no solo con un partido. El sistema consiste en dar la ilusión de elección, pero sea quien sea elegido estará limitado o controlado por poderes que están por encima de los gobiernos y las leyes.
Presidentes de los Estados Unidos han recibido el Premio Nobel de la Paz. Pueden hablar de tal forma que hacemos nuestras sus palabras —pero esos mismos han mantenido guerras, no las han cesado—. Al final, todo es un espejismo, una distracción.
Gaza ha concentrado el foco estos años. La decepción de los africanos —que viven también genocidios, guerras y hambrunas con menos seguimiento mediático— es una constante que se extiende por siglos: decepción no solo con sus propios líderes, sino con el resto de sus hermanos en este planeta. Debemos pasar de la decepción a la acción. Es lo que ha permitido los cambios sociales a lo largo de la historia.

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