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lunes, 11 de mayo de 2026

Afilar

¿Conocen la breve historia de afilar el hacha? Hay dos personas: una empieza a cortar un árbol directamente con su hacha, y la otra se detiene primero a afilarla. Al final, quien dedicó tiempo a afilar tarda menos en ejecutar el trabajo — y además se desgasta menos físicamente.

Esta historia nos enseña que es importante dedicar tiempo a prepararnos. Pero igualmente importante es evitar los extremos.

¿Cuáles son esos extremos? Uno es no prepararse en absoluto y lanzarse a la acción: tan impulsivos y torpes que quizás ni siquiera cogemos el hacha, y queremos derribar el árbol a cabezazos. El otro extremo es querer afilar tanto el hacha que nunca llegamos a cortar el árbol: nunca nos lanzamos a la acción, o lo hacemos demasiado tarde —cuando otro ya nos ganó—, o cuando ya no importaba que lo hiciéramos nosotros.

Para mí, estas enseñanzas deben estar inseparables. Solo así evitamos caer en dichos extremos. Hay muchas enseñanzas que debemos examinar con esta misma lógica: ¿es inseparable de otra en el contexto social de la época en que vivimos? Otro ejemplo puede ser el de la libertad: para que no nos lleve a la dictadura de los ofendidos ni al libertinaje sin responsabilidad. Hay más variables en el arte de afilar que debemos tener siempre presentes. Me hace pensar que ninguna virtud existe sola, siempre necesita una hermana que la equilibre o complemente.

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