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martes, 25 de agosto de 2026

Sudor

Ganarse el pan con el sudor de la frente. Es una frase que hace referencia a ganarse la vida con el trabajo propio. Esto debe hacernos reflexionar sobre los mecanismos de prestar dinero y exigir que, además de lo prestado, se devuelva un extra. En la antigüedad esto se veía mal por ciertos grupos, que llegaron incluso a prohibirlo en sus sagradas escrituras. Pero como la codicia y el interés material priman sobre todo lo demás, si hace falta se crea una nueva religión, unas nuevas sagradas escrituras que admitan los nuevos intereses. Así actúa el poder de la codicia: el querer ganar más, ya no solo con el sudor de la frente sino, si es posible, con las vidas y el trabajo de otros. Y se renombra como trabajo el hecho de prestar riqueza, de usar contactos, de esclavizar, de matar, de oprimir, de seguir órdenes malvadas.

El sudor de la frente deja de ser algo moralmente admirable, algo deseable, algo digno de imitar. Pero es precisamente ahí —en el acto de servir al otro con el propio esfuerzo— donde se expresa el verdadero amor. Y es ahí donde encontraremos la belleza, donde la verdad y el amor se unen.

El sudor de la frente no es una condena: es una dignidad. Y lavar los pies del otro es el sudor más noble de todos. Seamos capaces de lavar los pies de los demás. Seamos capaces de entender que no hay jerarquías, razas ni religiones cuando se trata de servir, de amar, de seguir el camino de la verdad.

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